Río Celeste. Zafamos con el colorNos miró de vueltaEl sol saliendo de entre las nubesLos dos frente a la catarata, con lluviaPlaya Carrillo, la de las palmerasLa catarata de MontezumaEl mirador, antes de bajar a CoyoteDos sillas y el PacíficoLos cocodrilos del Tárcoles, desde el puenteAgua tibia después de una semana de montañaLa pasarela de Manuel AntonioEl perezoso, por el telescopio del guíaLa playa de adentro del parqueLos dos, en Manuel AntonioEl atardecer del 30Y Clarita esperando en casaAhí estaba entero, a tres mil cuatrocientos metrosEl golfo de Nicoya desde la cubiertaCosta Rica desde arriba, por última vezEl último atardecer, desde Alajuela
Diario de viaje

Costa Rica
2026

Mati y Maca · del 23 de julio al 8 de agosto · diecisiete días en un Jimny con carpa en el techo

Actualizado hasta el 8 de agosto

17días andados
15paradas
13noches de carpa
197fotos elegidas
16videos
22 de julio

La salida

Un café en el aeropuerto y el vuelo de noche. Todavía con el buzo de Tucumán puesto, sin saber muy bien lo que venía.

Antes de embarcar
Antes de embarcar
Rumbo a Costa Rica
Rumbo a Costa Rica
23 de julio

Llegar y arrancar

El Jimny nos esperaba con la carpa arriba. En vez de la autopista elegimos la montaña: la ruta de Vara Blanca, con neblina, lecherías y frutillas con crema al costado del camino, y la catarata de La Paz apareciendo de golpe abajo del puente. A las cinco de la tarde la carpa ya estaba armada. La primera noche durmiendo arriba del auto.

Llegamos. Pura vida
Llegamos. Pura vida
El Jimny, casa rodante por diecisiete días
El Jimny, casa rodante por diecisiete días
La Paz, la primera catarata
La Paz, la primera catarata
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La Paz, con todo el caudal
Mati y el Jimny, el primer día
Mati y el Jimny, el primer día
Primera noche: la carpa arriba del auto
Primera noche: la carpa arriba del auto
El campamento, con el toldo abierto
El campamento, con el toldo abierto
Lagos del Río, La Fortuna
Lagos del Río, La Fortuna
24 de julio

El cumple

Quinientos treinta escalones bajando hasta la catarata de La Fortuna, y después un sendero de tres kilómetros donde aparecieron los primeros perezosos y una rana del tamaño de una uña. Pero lo mejor del día fue el final: las termas naturales del río Chollín, agua caliente que baja del volcán, bajando por el puente con los ticos. Ahí entendimos de qué se trataba este viaje.

Pura Vida
Pura Vida
La catarata de La Fortuna, después de 530 escalones
La catarata de La Fortuna, después de 530 escalones
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La catarata de La Fortuna
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El perezoso, moviéndose despacio
Un perezoso, sin apuro
Un perezoso, sin apuro
Rana venenosa, del tamaño de una uña
Rana venenosa, del tamaño de una uña
El cumple de Maca
El cumple de Maca
Casado tico, el plato de todos los días
Casado tico, el plato de todos los días
La carpa por dentro
La carpa por dentro
La carpa, ya de noche
La carpa, ya de noche
25 de julio

A Katira

Ruta 4 bordeando el volcán hasta Katira. El camping quedaba a cinco minutos del Río Celeste: cocinamos bajo el rancho, cruzamos el río saltando de piedra en piedra y nos fuimos a dormir esperando el turno de las ocho de la mañana.

Camping La Aurora, en Katira
Camping La Aurora, en Katira
El río al lado del campamento
El río al lado del campamento
En la poza pública del Río Celeste
En la poza pública del Río Celeste
Sentado en la corriente
Sentado en la corriente
Los dos, en el río de Katira
Los dos, en el río de Katira
Cruzando de piedra en piedra
Cruzando de piedra en piedra
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Cruzando el río
Cocinando en el rancho
Cocinando en el rancho
La cocina de campaña
La cocina de campaña
26 de julio

El río celeste

Amaneció horrible y llovió todo el día. Fuimos igual, con botas de goma, seis kilómetros de barro adentro del Tenorio. Y el río estaba celeste. Ese color no existe en ningún otro lado: es el agua de dos ríos que se juntan y reaccionan. A la tarde, la subida a Monteverde y la primera noche a quince grados.

Entrando al Tenorio con niebla
Entrando al Tenorio con niebla
Seis kilómetros de barro
Seis kilómetros de barro
Los dos frente a la catarata, con lluvia
Los dos frente a la catarata, con lluvia
Los pies de los dos, en la pasarela
Los pies de los dos, en la pasarela
El agua se vuelve celeste
El agua se vuelve celeste
El puente de tablas, empapado
El puente de tablas, empapado
Cruzando el puente bajo la lluvia
Cruzando el puente bajo la lluvia
Río Celeste. Zafamos con el color
Río Celeste. Zafamos con el color
Camino a Monteverde
Camino a Monteverde
Llegando a Camping Turín
Llegando a Camping Turín
Las siete de la tarde en Monteverde
Las siete de la tarde en Monteverde
La última luz en Monteverde
La última luz en Monteverde
Camping Turín: hamaca y niebla
Camping Turín: hamaca y niebla
Cerveza en Santa Elena
Cerveza en Santa Elena
Cena en Monteverde
Cena en Monteverde
27 de julio

Bosque nuboso

El bosque nuboso de Monteverde es otra cosa: se camina adentro de una nube. Hicimos el circuito hasta la divisoria continental, cruzamos el puente colgante y llegamos al bosque enano de altura. Después, decenas de colibríes a un metro de la cara, y el ficus que se cayó sobre el arroyo y siguió creciendo con las raíces al aire hasta hacer un puente.

El higuerón centenario de la Reserva
El higuerón centenario de la Reserva
El árbol que se sostiene solo
El árbol que se sostiene solo
El bosque nuboso
El bosque nuboso
Foto del viaje
El puente colgante del sendero Wilford Guindon
El puente colgante del sendero Wilford Guindon
Solo en el sendero del bosque nuboso
Solo en el sendero del bosque nuboso
El sendero del bosque nuboso
El sendero del bosque nuboso
Color en el verde
Color en el verde
Café Colibrí
Café Colibrí
Colibrí, a un metro
Colibrí, a un metro
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El colibrí en el bebedero
Las raíces del ficus
Las raíces del ficus
Las raíces del ficus, de cerca
Las raíces del ficus, de cerca
Tres noches en la carpa
Tres noches en la carpa
28 de julio

Volar

Doce cables de canopy sobre el bosque, y uno de mil quinientos noventa metros en posición Superman, boca abajo, mirando las copas de los árboles pasar. A la tarde apareció lo que no estaba planeado: la comunidad de mujeres artesanas y un pintor con su taller ahí mismo, que nos contó lo que hacía. Cerramos con un helado.

Foto del viaje
100% Aventura: doce cables y un Superman de 1.590 metros
100% Aventura: doce cables y un Superman de 1.590 metros
Antes de tirarse
Antes de tirarse
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El Superman: 1.590 metros sobre el bosque
Atardecer en Monteverde
Atardecer en Monteverde
Última tarde en la montaña
Última tarde en la montaña
La noche en Monteverde
La noche en Monteverde
29 de julio

Bajar al mar

De Monteverde a Sámara por el interior de Nicoya. Después de una semana de barro, niebla y quince grados, meterse en el Pacífico tibio se sintió distinto. A la noche salió la luna llena sobre el agua.

Bajando a la costa
Bajando a la costa
Sámara
Sámara
Los dos en Sámara, después de la montaña
Los dos en Sámara, después de la montaña
Agua tibia después de una semana de montaña
Agua tibia después de una semana de montaña
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La luna sobre el Pacífico
Luna llena sobre el Pacífico
Luna llena sobre el Pacífico
Sámara, noche de luna
Sámara, noche de luna
Los dos y la luna, en Sámara
Los dos y la luna, en Sámara
El vecino de la pared
El vecino de la pared
30 de julio

Solos en Coyote

Playa Carrillo a primera hora, la de las palmeras inclinadas. Después Islita, y San Miguel, que estaba tan desierta que impresionaba. Y en Playa Coyote apareció el camping de Carlos: la playa entera para nosotros dos, monos en los árboles, cangrejos ermitaños robándose caparazones, y un atardecer que no se puede contar. Unas papas fritas y a dormir.

Playa Carrillo, la de las palmeras
Playa Carrillo, la de las palmeras
Abajo de las palmeras, en Carrillo
Abajo de las palmeras, en Carrillo
Camino a la costa sur, por adentro
Camino a la costa sur, por adentro
El mirador, antes de bajar a Coyote
El mirador, antes de bajar a Coyote
Playa Coyote: estacionar es esto
Playa Coyote: estacionar es esto
La hamaca entre dos palmeras
La hamaca entre dos palmeras
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El campamento entre las palmeras
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Un mono aullador, justo arriba
Coyote, kilómetros sin nadie
Coyote, kilómetros sin nadie
Dos sillas y el Pacífico
Dos sillas y el Pacífico
Camping Tanga, de Carlos
Camping Tanga, de Carlos
Mirando el sol bajar
Mirando el sol bajar
Los dos, contra el sol
Los dos, contra el sol
El atardecer del 30
El atardecer del 30
El termo, la silla y el Pacífico
El termo, la silla y el Pacífico
Mate en la arena
Mate en la arena
El atardecer, del otro lado del anteojo
El atardecer, del otro lado del anteojo
El sol saliendo de entre las nubes
El sol saliendo de entre las nubes
Lo último de la luz en Coyote
Lo último de la luz en Coyote
31 de julio

Los ríos y Montezuma

El tramo que veníamos mirando con respeto: la costera al sur cruza el río Bongo y el río Ario, los dos sin puente. Bajaban con muy poca agua y pasamos sin drama. En Santa Teresa el sol pegaba demasiado, así que bajamos a Montezuma: almorzamos frente al mar y a la tarde subimos a las cataratas, metidas adentro del bosque, con el agua fría bajando entre las piedras. Dormimos frente a la playa.

Montezuma, del otro lado de los ríos
Montezuma, del otro lado de los ríos
La playa de Montezuma, entre los árboles
La playa de Montezuma, entre los árboles
En Las Palmeras, con el mar abajo
En Las Palmeras, con el mar abajo
El casado, la cerveza y el Pacífico
El casado, la cerveza y el Pacífico
La catarata de Montezuma
La catarata de Montezuma
La playa del camping, al caer la tarde
La playa del camping, al caer la tarde
Los dos, en Montezuma
Los dos, en Montezuma
Última caminata antes de que baje el sol
Última caminata antes de que baje el sol
La bahía, al final del día
La bahía, al final del día
La hamaca de Montezuma, ya de noche
La hamaca de Montezuma, ya de noche
1 de agosto

Cruzar el golfo

El ferry de Paquera a Puntarenas, el auto en la bodega y hora y media de mar abierto. Pasó una tortuga enorme al lado del barco y cruzaron unos guacamayos rojos por arriba. Del otro lado paramos en el puente del Tárcoles a mirar los cocodrilos desde la baranda. La noche fue la más brava del viaje: el camping estaba caído a pedazos, se largó una tormenta y no había dónde meterse. Terminamos en una cabaña de un surf camp, escuchando el agua sobre el techo.

Subiendo al ferry en Paquera
Subiendo al ferry en Paquera
El Jimny en la bodega del ferry
El Jimny en la bodega del ferry
Los dos, cruzando el golfo
Los dos, cruzando el golfo
El golfo de Nicoya desde la cubierta
El golfo de Nicoya desde la cubierta
Cruzando
Cruzando
Los cocodrilos del Tárcoles, desde el puente
Los cocodrilos del Tárcoles, desde el puente
El puente de Tárcoles, el de los cocodrilos
El puente de Tárcoles, el de los cocodrilos
2 de agosto

Manuel Antonio

Amaneció lloviendo justo antes de la hora de entrada y estuvimos a punto de no ir. Paró. Entramos con un guía y el parque se abrió de otra manera: perezosos colgados a veinte metros, murciélagos dormidos contra la corteza, un colibrí quieto, iguanas al sol, un cangrejo azul con las patas rojas y monos que pasaron a un metro. Cosas que solos no hubiéramos visto nunca. A la tarde bajamos a Uvita, a un camping frente al mar que estaba entero para nosotros.

La cabaña del surf camp, después de la tormenta
La cabaña del surf camp, después de la tormenta
El primero del día: un basilisco en el tronco
El primero del día: un basilisco en el tronco
Murciélagos, dormidos contra la corteza
Murciélagos, dormidos contra la corteza
Un colibrí quieto, que es lo raro
Un colibrí quieto, que es lo raro
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El colibrí, quieto un segundo
Iguana al sol
Iguana al sol
El bicho más elegante del bosque
El bicho más elegante del bosque
Saltamontes, camuflado hasta que se mueve
Saltamontes, camuflado hasta que se mueve
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El perezoso, por el telescopio
El perezoso, por el telescopio del guía
El perezoso, por el telescopio del guía
Cangrejo azul, patas rojas
Cangrejo azul, patas rojas
La pasarela de Manuel Antonio
La pasarela de Manuel Antonio
▶
Los monos cara blanca, moviéndose arriba nuestro
Un mono cara blanca, tirado en la rama
Un mono cara blanca, tirado en la rama
Nos miró de vuelta
Nos miró de vuelta
La playa de adentro del parque
La playa de adentro del parque
Los acantilados de Punta Catedral
Los acantilados de Punta Catedral
Los dos, en Manuel Antonio
Los dos, en Manuel Antonio
Visita nocturna en el vidrio
Visita nocturna en el vidrio
El campamento de Uvita, para nosotros solos
El campamento de Uvita, para nosotros solos
3 de agosto

La cola de ballena

Amaneció con la carpa mojada, así que dejamos el auto en el camping y salimos caminando. Uvita termina en una lengua de arena con forma de cola de ballena, que aparece solo cuando el mar se retira: la marea bajó casi del todo justo al mediodía y quedó todo eso para caminar, con la selva de un lado y las montañas al fondo. Volvimos por la senda entre las palmeras. En el pueblo se nos cruzó una iguana naranja, enorme, sin apuro. Y ya de vuelta en el camping, cuando caía el sol, aparecieron los guacamayos: primero uno, después dos, rojos contra el verde. Los estuvimos mirando con los binoculares hasta que se fue la luz.

La marea se fue y quedó esta lengua de arena
La marea se fue y quedó esta lengua de arena
La playa entera, y las montañas atrás
La playa entera, y las montañas atrás
Los dos, donde se juntan las dos mareas
Los dos, donde se juntan las dos mareas
Al final de la lengua de arena
Al final de la lengua de arena
Todo esto queda cuando baja el mar
Todo esto queda cuando baja el mar
▶
Una iguana cruzando la calle del pueblo
Una iguana naranja al costado del camino
Una iguana naranja al costado del camino
Quieta contra el tronco, dejándose mirar
Quieta contra el tronco, dejándose mirar
El campamento, con la carpa arriba del auto
El campamento, con la carpa arriba del auto
▶
El guacamayo, justo antes de que se fuera la luz
Un guacamayo rojo, antes de que caiga el sol
Un guacamayo rojo, antes de que caiga el sol
Se acomodó en la rama y se quedó
Se acomodó en la rama y se quedó
Y de pronto eran dos
Y de pronto eran dos
Los últimos, ya entre las palmeras
Los últimos, ya entre las palmeras
4 de agosto

La ballena que no estaba

Salimos temprano al mar. Aparecieron dos tortugas y después un grupo de delfines que se quedó dando vueltas alrededor del bote un buen rato. A la ballena la buscamos toda la mañana y no apareció: ninguna de las lanchas que andaban por ahí la pudo ver. La temporada recién arranca y por ahora hay una sola en la zona. Volviendo paramos en Playa Arco, con su cascada cayendo sobre la arena y una gruta que se cruza con el agua a la cintura. De vuelta al camping encontramos una pluma de guacamayo en el piso, y arriba estaban ellos otra vez. Nos despedimos del austríaco, que nos dejó un libro. Después intentamos salir para la montaña, nos dimos cuenta de que era tarde, y nos quedamos una noche más.

Saliendo al mar, temprano, a buscarlas
Saliendo al mar, temprano, a buscarlas
La costa se abre en cuevas
La costa se abre en cuevas
Agua de un color que no parece real
Agua de un color que no parece real
Maca y el mar abierto
Maca y el mar abierto
El arco de piedra, desde el agua
El arco de piedra, desde el agua
▶
El arco de piedra, pasando al lado
Esperando que aparezca alguna
Esperando que aparezca alguna
Los dos, con el arco atrás
Los dos, con el arco atrás
▶
Las lanchas, todas quietas, esperando a que aparezca
Maca saliendo de la gruta, con el agua a la cintura
Maca saliendo de la gruta, con el agua a la cintura
Playa Arco, y la playa entera vacía
Playa Arco, y la playa entera vacía
Los guacamayos, otra vez, antes de irnos
Los guacamayos, otra vez, antes de irnos
El libro que nos dejó el austríaco del camping
El libro que nos dejó el austríaco del camping
Uvita otra vez, esperando la pizza
Uvita otra vez, esperando la pizza
5 de agosto

El día que cambió solo

Salimos tarde otra vez, con la carpa mojada. Subimos el Cerro de la Muerte, de setecientos a tres mil cuatrocientos metros en una hora: se termina el bosque y empieza el páramo, que en Costa Rica existe solo acá. La idea era pasar de largo por San Gerardo de Dota y seguir hasta Orosi. Paramos a tomar un café en lo de Miriam, con los comederos al lado de la mesa, y en media hora aparecieron una tucaneta esmeralda a un metro, pájaros naranjas y una ardilla. Nos quedamos. Buscamos dónde dormir y terminamos en un lodge de cabañas de madera sobre el río, entre jardines llenos de colibríes. A la tarde caminamos el sendero: una cascada apareciendo entre los helechos, hongos naranjas en la hojarasca, y un árbol tan ancho que hay que abrirse de brazos para entender el tamaño. De cena, trucha criada ahí mismo. Y nos dieron el dato: mañana a las cinco y cuarenta, en un lugar del valle donde los quetzales bajan a comer.

Mati en las piedras del Savegre
Mati en las piedras del Savegre
Los dos, con el río atrás
Los dos, con el río atrás
El río Savegre, entre las piedras con musgo
El río Savegre, entre las piedras con musgo
Una ardilla que vino al comedero
Una ardilla que vino al comedero
Los comederos, con el valle tapado de niebla
Los comederos, con el valle tapado de niebla
Un colibrí, suspendido sobre la niebla
Un colibrí, suspendido sobre la niebla
Y uno naranja que vino a comer
Y uno naranja que vino a comer
El café que nos hizo quedarnos
El café que nos hizo quedarnos
Maca, con el café en la mano
Maca, con el café en la mano
Y Mati mirando el valle desde la terraza
Y Mati mirando el valle desde la terraza
La tucaneta esmeralda, a un metro
La tucaneta esmeralda, a un metro
De perfil, con todo el bosque atrás
De perfil, con todo el bosque atrás
La habitación del lodge, para el lujo de la noche
La habitación del lodge, para el lujo de la noche
Maca sentada frente a la cascada
Maca sentada frente a la cascada
Una cascada apareciendo en el sendero
Una cascada apareciendo en el sendero
El árbol que necesita dos personas y sobra
El árbol que necesita dos personas y sobra
Los brazos abiertos no le alcanzan
Los brazos abiertos no le alcanzan
Maca mirándolo desde abajo
Maca mirándolo desde abajo
Hongos naranjas entre las hojas secas
Hongos naranjas entre las hojas secas
Subiendo el sendero, entre los árboles altos
Subiendo el sendero, entre los árboles altos
La terraza, ya de tarde, a dos mil doscientos metros
La terraza, ya de tarde, a dos mil doscientos metros
Mati en la cena, con las lámparas de colores
Mati en la cena, con las lámparas de colores
La cena en el lodge, con las lámparas de colores
La cena en el lodge, con las lámparas de colores
La trucha, criada en el estanque de ahí mismo
La trucha, criada en el estanque de ahí mismo
6 de agosto

El quetzal

Cinco y cuarto de la mañana, once grados y llovizna. En el valle ya había gente parada en la ruta con telescopios, todos mirando para el mismo árbol. Y a las cinco y cincuenta y siete apareció: un macho adulto, con el pecho rojo, el verde metálico y las dos plumas de la cola colgando medio metro por debajo de la rama. Esas plumas tardan tres años en crecer. Y agosto es de los peores meses para verlo, porque suben a las partes altas de la cordillera. Se quedó ahí, quieto, dejándose mirar. Después bajamos el Cerro de la Muerte por última vez, paramos en las ruinas de Ujarrás —una iglesia de 1693 abierta al cielo, con el pasto adentro— y bordeamos el lago de Cachí hasta Turrialba. Dormimos en un mirador, con el valle entero abajo y las nubes por debajo nuestro.

Ahí estaba. Cinco y cincuenta y siete de la mañana
Ahí estaba. Cinco y cincuenta y siete de la mañana
El quetzal otra vez, metido en el verde
El quetzal otra vez, metido en el verde
Todos mirando para el mismo árbol, bajo la llovizna
Todos mirando para el mismo árbol, bajo la llovizna
Maca con los binoculares, sin moverse
Maca con los binoculares, sin moverse
El desayuno después, que sabía distinto
El desayuno después, que sabía distinto
El quetzal macho, con la cola de tres años
El quetzal macho, con la cola de tres años
El jardín del lodge, con su cascada chiquita
El jardín del lodge, con su cascada chiquita
Las ruinas de Ujarrás, desde el arco de entrada
Las ruinas de Ujarrás, desde el arco de entrada
Ujarrás, desde adentro de la nave
Ujarrás, desde adentro de la nave
La carpa abierta otra vez, mirando el valle
La carpa abierta otra vez, mirando el valle
El campamento de la última noche, con las nubes abajo
El campamento de la última noche, con las nubes abajo
Un geco chiquito que vino a la mesa
Un geco chiquito que vino a la mesa
El valle entero desde el mirador
El valle entero desde el mirador
7 de agosto

El volcán que se abrió

Amanecimos en el cerro, con el valle de Turrialba apareciendo abajo y el desayuno en el mirador. Después subimos al Irazú, y a siete kilómetros del cráter ya no se veían ni los dedos de la mano. Llegamos igual. Arriba había ocho grados, viento y una pared blanca donde tenía que estar el volcán: caminamos por la ceniza sin ver nada, alguien había dibujado un corazón en el suelo, y nos metimos un rato en el auto a esperar. A las dos de la tarde empezó a abrirse. Y quedó todo: el cráter entero a tres mil cuatrocientos metros, la pared de ceniza gris bajando hasta el fondo, y atrás el mar de nubes tapando el país. Bajamos por Cartago y llegamos a Alajuela con el tráfico de la ciudad, que después de dos semanas de montaña se siente raro. El último atardecer nos agarró desde la terraza, todo naranja.

Amanece sobre el valle de Turrialba
Amanece sobre el valle de Turrialba
El desayuno en el mirador, con medio país abajo
El desayuno en el mirador, con medio país abajo
Llegamos al cráter y no se veía nada
Llegamos al cráter y no se veía nada
Ocho grados y viento, tapados hasta los ojos
Ocho grados y viento, tapados hasta los ojos
Alguien dibujó un corazón en la ceniza
Alguien dibujó un corazón en la ceniza
A refugiarse en el auto un rato
A refugiarse en el auto un rato
Los dos adentro de la nube, esperando
Los dos adentro de la nube, esperando
Y de golpe se empezó a abrir
Y de golpe se empezó a abrir
El cráter apareciendo, con el mar de nubes atrás
El cráter apareciendo, con el mar de nubes atrás
Ahí estaba entero, a tres mil cuatrocientos metros
Ahí estaba entero, a tres mil cuatrocientos metros
Los dos, con el cráter atrás
Los dos, con el cráter atrás
El último atardecer, desde Alajuela
El último atardecer, desde Alajuela
8 de agosto

La vuelta

Devolvimos la Jimny después de diecisiete días y no le había pasado nada, con todo lo que anduvo. Lo único que quedó atrás fue el termo, olvidado adentro, y nos lo mandaron al aeropuerto en una moto. En el avión había poca gente y pudimos estirarnos. Desde arriba se vio Costa Rica entera alejándose, y después el sol bajando sobre un mar de nubes naranjas que duró casi todo el vuelo. Llegamos a Tucumán pasada la medianoche, agarramos el último taxi que quedaba, buscamos la camioneta y nos vinimos comiendo. Y en Raco nos estaba esperando Clarita. Tristes porque se termina, contentos porque fue una hermosa experiencia.

Camino al aeropuerto, con todo cargado
Camino al aeropuerto, con todo cargado
La despedida más tica que había
La despedida más tica que había
Costa Rica desde arriba, por última vez
Costa Rica desde arriba, por última vez
El sol poniéndose sobre el mar de nubes
El sol poniéndose sobre el mar de nubes
Los dos, volviendo
Los dos, volviendo
Y Clarita esperando en casa
Y Clarita esperando en casa

Por dónde anduvimos

En naranja lo recorrido hasta hoy; en punteado, lo que falta hasta el vuelo de vuelta.

Mapa de la ruta por Costa Rica

Los números

17días en la ruta
13noches durmiendo arriba del auto
15lugares donde paramos
17animales distintos
5cataratas
8playas
197fotos elegidas
16videos

Los animales: perezoso · mono · murciélago · colibrí · iguana · basilisco · saltamontes · cangrejo · rana · cocodrilo · tortuga · guacamayo · quetzal · tucaneta · ardilla · delfines · geco.

Las cataratas: La Paz · La Fortuna · Río Celeste · Montezuma · Savegre.

Las playas: Carrillo · San Miguel · Coyote · Montezuma · Playa Arco · Manuel Antonio · Uvita · Sámara.

Mirando para atrás

Diecisiete días, tres mil kilómetros y trece noches durmiendo arriba del auto. Dormimos al lado de un río, en una playa vacía, en un cerro con las nubes por debajo nuestro y una noche entera escuchando la tormenta sobre el techo de la carpa.

Lo mejor casi nunca fue lo que estaba planeado. La ballena no apareció y ese terminó siendo uno de los mejores días. Íbamos a pasar de largo por San Gerardo de Dota y paramos a tomar un café: en esa parada nos dieron el dato que a la mañana siguiente, a las cinco y cincuenta y siete, nos puso adelante un quetzal. Al Irazú llegamos sin ver nada a siete kilómetros del cráter y se abrió a las dos de la tarde. Las cosas pasaron cuando dejamos de perseguirlas.

Y lo que más se repite cuando lo pensamos no son los lugares: es la gente. Carlos del camping de Coyote, el austríaco que nos regaló un libro en Uvita, el que en Miriam's nos dijo dónde bajaban los quetzales. Nada de eso estaba en el itinerario.

Volvimos tristes porque se termina y contentos porque fue una hermosa experiencia. Esta página queda acá, entera, para cuando queramos volver.